George Wright es venerado como un virtuoso del arte deportivo británico, poseedor de una asombrosa habilidad para traducir la adrenalina de la caza con una vitalidad impresionante. Su magistral dominio de la anatomía equina le permite plasmar el elegante poder del cazador con una línea segura y fluida que da vida al papel, solidificando su legado como el cronista definitivo del campo eduardiano.
Sus enérgicas composiciones fueron puntos culminantes habituales en la Royal Academy a partir de 1892, lo que le valió un amplio reconocimiento durante su vida. Hoy en día, sus obras son muy codiciadas en colecciones privadas de todo el mundo y se presentan con frecuencia en las principales casas de subastas internacionales como Christie’s y Sotheby’s, además de encontrar representación en instituciones especializadas como el National Horseracing Museum en Newmarket.


