Gerardo Rueda (1926-1996) nació en Madrid y se dedicó inicialmente a la abogacía antes de convertirse en artista autodidacta. Pintor, escultor y grabador, la obra de Rueda evolucionó desde las primeras influencias cubistas hasta las composiciones abstractas, reflejo de su profundo compromiso con la abstracción moderna y geométrica.
Su trayectoria artística comenzó con un interés por el impresionismo, que más tarde transformó en una abstracción única caracterizada por formas geométricas y composiciones refinadas. Su enfoque autodidacta de la pintura le llevó a experimentar con diversos medios, y expuso sus primeros collages y dibujos abstractos en 1954. En la década de 1960 ya era una figura importante de la vanguardia española, representó a España en la Bienal de Venecia de 1960 y contribuyó decisivamente a la creación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, junto con Fernando Zóbel y Gustavo Torner. Su obra se reconocía a menudo por su estilo geométrico limpio y su cuidadoso equilibrio, aunque con el tiempo incorporó piezas monocromas más atrevidas y dinámicas. A lo largo de su carrera, participó activamente en exposiciones españolas e internacionales.
Las obras de Rueda figuran en numerosas colecciones importantes de todo el mundo, como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Musée d'Art Moderne de París y el Museo Internacional de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo de México. Además de varias exposiciones individuales en Europa y Latinoamérica, su arte se celebró con una gran retrospectiva en el IVAM de Valencia en 1996, año de su fallecimiento. Recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla de Honor Especial en la IV Bienal de El Cairo y la elección como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1995. Sus aportaciones a las artes plásticas y a la arquitectura, como las vidrieras de la Catedral de Cuenca, consolidaron su legado como figura central de la abstracción española del siglo XX.









